Al igual que el grupo de países BRICS (compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), Rusia desea comenzar su propio programa de cooperación al desarrollo. La consulta del Foro de los días 10 y 11 de junio de 2010 en Moscú demostró el interés de las OSC rusas por involucrarse totalmente en este programa.
En dicha consulta, las OSC enviaron un mensaje claro: quieren formar parte del futuro programa de ayuda de Rusia no sólo como agencias de implementación de proyectos, sino también como participantes en el diálogo sobre las políticas y prácticas de Rusia relacionadas con el desarrollo. De forma paralela a la reunión, las OSC se mostraron esperanzadas ante la posibilidad de que Rusia siguiera los principios y buenas prácticas señaladas por el Comité de Ayuda al Desarrollo en la OCDE (por ejemplo, en cuanto a transparencia) y no reprodujera algunas de las dudosas prácticas de China.
En el encuentro, las OSC redactaron unas recomendaciones tanto para ellas como para el gobierno donde trataban la función que las OSC desempeñarían próximamente en el programa de ayuda de Rusia. Olga Ponizova, de Eco-Accord y una de las organizadoras de la consulta, se mostró optimista respecto a una integración mayor de las OSC por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores, algo que tendría lugar antes o después. También señaló las buenas prácticas de la colaboración multi-sectorial en el apartado de medio ambiente, donde el Ministerio ha reconocido la pericia de la sociedad civil rusa. Olga afirmó que los procesos multi-sectoriales son bastante comunes en la actualidad en muchas áreas y que sería sólo cuestión de tiempo hasta que el Ministerio de Asuntos Exteriores abriese sus puertas a las OSC en el campo de la cooperación al desarrollo.
A la consulta de dos días también acudieron representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso (funcionarios del Ministerio de Economía fueron invitados, pero cancelaron su asistencia en el último minuto). Los empleados gubernamentales se expresaron con cautela sobre el papel de la sociedad civil en el futuro programa de cooperación al desarrollo y se refirieron a una notada tendencia por la que los donantes internacionales dirigirían más inversión directa a los gobiernos a través de apoyo a los presupuestos en vez de a la sociedad civil.
Los funcionarios pusieron en duda la legitimidad de la participación de algunas OSC en el diálogo político (¿por qué habría el gobierno ruso de incluir a una sociedad civil alimentada, financiera y políticamente, por gobiernos occidentales?). Además, cuestionaron la necesidad de que el gobierno colaborase con la sociedad civil en países receptores (una recomendación propuesta por las OSC en la consulta), alegando que el propio gobierno siempre había criticado a los dirigentes extranjeros que apoyaban a las OSC rusas por su excesiva interferencia en los asuntos internos del país.
También se habló del impuesto del 24% que el gobierno impone a las donaciones extranjeras dirigidas a las OSC, algo que dificulta notablemente que estas organizaciones reciban financiación del exterior. Los funcionarios defendieron esta medida con el más bien débil argumento de que las OSC rusas deberían estar financiadas por el estado y no por gobiernos extranjeros. Por otro lado, se contó con la representación de dos donantes. El representante de la embajada holandesa explicó los mecanismos de apoyo financiero para la sociedad civil en los Países Bajos. Asimismo, el de la embajada canadiense subrayó la importancia de la participación de la sociedad civil en el programa de ayuda de Canadá. Irónicamente, entre otras cosas, destacó al Consejo Canadiense de Cooperación Internacional (CCIC) como un importante organismo de coordinación de las OSC y viejo socio del gobierno de Canadá. El autor de este artículo asume que el enviado canadiense ignoraba completamente el hecho de que su gobierno, tras décadas de constante apoyo, ha retirado recientemente la financiación al CCIC debido, según algunas sospechas, a su postura crítica hacia varias de las decisiones del gobierno de Harper.

